Queda confirmado que hay seres que con su simple presencia pueden llegar a mover las fibras más intimas de nuestra existencia, derrumbando todo lo que creemos como realidad, distorsionando si se les antoja nuestro entorno… y si nos lo piden, pueden terminar logrando que dejemos toda nuestra vida a un lado por compartir exiguos instantes de su tiempo. Cuando esto sucede, hay que percatarse que esa fascinación no sea producto de un embelesamiento fruto de una corteza inconstante que cambia acorde a las circunstancias; logrando este efecto por pura casualidad. Es fácil escribirlo, pero al vivirlo es muy difícil lograrlo, pues con alguien que tenga la capacidad de moverte el piso a ese grado, simplemente no hay teoría que valga… hay que esperar que pase el temblor para poder ver las cosas con calma y desde una visión más objetiva…
Escrito a finales del 2011 El primer paso al costado para un adicto es reconocer su necesidad terrible por un estímulo externo, generado por innumerables razones, tantas como seres humanos divagando en el planeta hay por estos días. En cierto caso, un tipo de droga en particular, genera un comportamiento detestablemente compulsivo hacia buscar bienestar somático o psicológico bajo cualquier circunstancia, generando actitudes casi perversas, en pro de lograr su efímero cometido. Esto vuelve al ser un mero ente que mendiga miserablemente por obtener su droga, buscando en otros o en si mismo su placer exiguo. Que pena trajinar así producto del estupefaciente, en modalidad inconsciente toda una vida, relegado a esos instantes de exiguo deleite, permitiendo que lo importante vaya a segundo plano, matando los anhelos reales, y desgastando el tiempo en nada. Abre los ojos, lastimero ser, y date cuenta que esa droga acaba con tu destino...
Fiestas de Quito fueron días de diversión y volver a reunirme con conocidos y panas, sintiéndome en un grupo nuevamente. Pasé con amigos de toda la vida u otros nuevos, en compañía de ingentes cantidades de licor. Mi Troll tuvo chance de desmandarse a sus expensas, pudo saborear nuevamente la adictiva sensación de adrenalina frente al peligro en dos ocasiones, en una cuando tuvo que enfrentar a un par de ladrones, y en otra de menor intensidad cuando estuvo en medio de un tumulto de ebrios sin control. Lo interesante de esta ocasión es que no pudo tomar el control, siempre fui yo el consiente, y aproveche su energía para manejar la situación. Al parecer los meses con psicólogo dieron excelentes resultados. He pasado inmerso en el dulce néctar de los sentidos y las sensaciones, del deleite somático embelesado por lozanas experiencias, cansándome de unas rápidamente, y manteniendo otras indefinidamente. De a poco, a pesar de saber que no es la dirección correcta y tratar de evitarl...
Como el amar, el odiar es una reflexión del yo.
ReplyDelete