Fiestas de Quito fueron días de diversión y volver a reunirme con conocidos y panas, sintiéndome en un grupo nuevamente. Pasé con amigos de toda la vida u otros nuevos, en compañía de ingentes cantidades de licor. Mi Troll tuvo chance de desmandarse a sus expensas, pudo saborear nuevamente la adictiva sensación de adrenalina frente al peligro en dos ocasiones, en una cuando tuvo que enfrentar a un par de ladrones, y en otra de menor intensidad cuando estuvo en medio de un tumulto de ebrios sin control. Lo interesante de esta ocasión es que no pudo tomar el control, siempre fui yo el consiente, y aproveche su energía para manejar la situación. Al parecer los meses con psicólogo dieron excelentes resultados. He pasado inmerso en el dulce néctar de los sentidos y las sensaciones, del deleite somático embelesado por lozanas experiencias, cansándome de unas rápidamente, y manteniendo otras indefinidamente. De a poco, a pesar de saber que no es la dirección correcta y tratar de evitarl...
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